La difícil disyuntiva hongkonesa

El fútbol hongkonés vive tiempos difíciles. A pesar de las mejoras que, en los últimos años, han experimentado tanto el campeonato nacional como su selección, la Federación y sus equipos se enfrentan ahora a un dilema para el que no hay una solución perfecta: Desaparecer e integrarse en China o apostar por un campeonato nacional fuerte que, a día de hoy, no cuenta con el respaldo popular que necesita.

 

Es el club más laureado de Hong Kong, una institución fundada en 1904 y que ha sido la bandera del fútbol hongkonés durante décadas. A pesar de ser un candidato habitual al título y terminar en cuarta posición la presente temporada, South China, el apodado Templo Shaolin de Hong Kong, ha pedido jugar en Segunda División el próximo año para, según dicen, “centrarse en el fútbol de cantera y regresar a la élite con más fuerza”.

South China ha ganado 41 campeonatos de liga y ahora ha pedido jugar en 2ª División (South China FC)

Más allá de la sacudida al panorama futbolístico hongkonés que la decisión ha provocado, ésta agrava un poco más la complicada situación de su fútbol, un deporte que ha dado pasos de gigante en los últimos años a través de la profesionalización de muchos de sus clubes y la organización de sus canteras pero que, a pesar de todo, parece haberse topado con un techo de cristal difícil de romper.

Situación actual: Más nivel pero insuficiente apoyo popular

“Con la retirada de South China pensamos tener diez equipos en la Premier League la próxima temporada; es uno menos que ahora pero, si los clubes mantienen el nivel de juego, los aficionados continuarán acudiendo a los estadios”, aseguraba Brian Leung Hung-tak, presidente de la Asociación Hongkonesa de Fútbol (HKFA), al diario South China Morning Post.

Sin embargo, lo cierto es que, en 2017, el número de asistentes bajó casi un 11,5% interanual, dejando la media de espectadores en poco más de 900 por partido, cifras que Guangzhou R&F y Hong Kong FC, clubes amateur, ayudaron a reducir.

“La pasión por el fútbol aquí ya solo se ve, y no siempre, con la selección, para muchos es un elemento identitario que ya no existe, o existe en menor medida, con los clubes. Ahora, hay mucha gente que prefiere animar a equipos europeos que a los locales”, comenta a AEF un aficionado durante un partido del Yokohama HK la temporada pasada.

El aumento de la competencia en la cabeza, con Eastern, Southern, Kitchee o el mencionado South China peleando por el título, no ha detenido la caída en el número de espectadores en una ciudad que, en 1982, vio como grupos de seguidores de South China protagonizaron altercados en las calles tras el descenso de su equipo. Finalmente, los disturbios llevaron a la HKFA a readmitir al club en primera división bajo el pretexto de ser “demasiado grandes para caer”.

Derrota 0-2 de South China ante Tsuen Wan en la temporada 82/83

¿Y tras el anuncio del descenso voluntario?

Silencio.

La joya de la corona: La selección

A pesar del regreso de Hong Kong a manos chinas en 1997, el fútbol de la ex colonia británica siguió operando de forma independiente con sus ligas, su órgano federativo y su selección.

Con el paso de los años, los clubes han elevado su nivel hasta alcanzar un hito como fue el debut en la Liga de Campeones de Asia del Eastern, un paso que, aunque poco vistoso en lo deportivo, certificó el aumento del nivel de un fútbol que ha demostrado estar muy por encima del de países y regiones con un tamaño y una población similares.

La selección, aunque a un ritmo mucho más lento y con más altibajos que los clubes, también ha experimentado una notable mejoría que les llevado a poder medirse a equipos fuertes del continente. De hecho, su última derrota por cinco o más goles ante un rival asiático se produjo en julio de 2011, cuando cayeron por 0-5 ante Arabia Saudí en la segunda ronda de clasificación para el Mundial de Brasil.

El 0-5 ante Arabia Saudí en 2011 fue la última gran goleada recibida por Hong Kong

Más allá de lo deportivo, la selección es un símbolo identitario de Hong Kong. En los últimos partidos de clasificación mundialista ante China, ambas federaciones y aficionados han intercambiado pancartas y mensajes que dejan claro la falta de sintonía entre dos sociedades condenadas a entenderse.

“Hong Kong no es China” y “Boo”, para evitar sanciones por pitar el himno chino, son habituales en los encuentros entre China y Hong Kong (WSJ)

Esta selección, que en su día provocó el primer fenómeno hooligan en China, podría verse, a pesar de todo, condenada a desaparecer.

Resignarse a China

La idea viene de lejos, de los primeros años del fútbol profesional chino en la década de los 90. En 1994, con la creación del primer campeonato profesional, la Jia A League, varias voces apuntaron a la posibilidad de incorporar equipos hongkoneses al torneo como una forma de reafirmar la autoridad china sobre la colonia.

Sin embargo, aquella decisión, de llevarse a cabo, chocaría con las reglas FIFA, algo que solo podría solventarse con la desaparición de la federación hongkonesa y, por ende, de su selección, lo que llevó a que la propuesta fuera descartada sin apenas haberse estudiado.

Las razón de esto es que Hong Kong, al igual que Macao, Guam, Puerto Rico, Gales o Escocia, es una entidad no soberana, por lo que la participación de uno de sus clubes en un campeonato extranjero iría contra las reglas de la FIFA y solo la absorción del campeonato hongkonés por parte de la Asociación China de Fútbol y la consecuente desaparición de la HKFA harían esta propuesta legal.

¿Sacrificarse para sobrevivir? (Quartz)

A pesar de la mayor exposición mediática y de poder aprovecharse del crecimiento deportivo y económico que experimenta el fútbol chino, de ocurrir, probablemente, desataría la ira de muchos ciudadanos de Hong Kong, que más allá del fútbol verían como uno de sus símbolos, que aún les permite diferenciarse de su vecino, les es arrebatado.

La difícil solución cantonesa

Sin embargo, existe una fórmula intermedia que, quizás, podría intentarse.

En 2016, Guangzhou R&F, equipo de la Superliga china, pidió permiso a la HKFA para inscribir a un equipo filial, formado en su mayoría por jugadores hongkoneses y con sede en Hong Kong, en la primera división de la ex colonia, algo que fue aceptado y que terminó con el equipo en penúltima posición al final de la temporada.

Para la próxima campaña, el club cantonés ha pedido jugar sus partidos como local en su ciudad, Guangzhou, situada a unos 120 kilómetros de Hong Kong. De aceptarse, el club correría con todos los gastos asociados a los desplazamientos de los clubes hongkoneses.

Este precedente podría utilizarse en sentido contrario si, por ejemplo, equipos como Kitchee, Eastern o el ahora descendido South China, decidieran crear conjuntos que compitieran de manera paralela en China. Sin embargo, la logística pone de manifiesto lo difícil de esta empresa.

De entrar a competir en el sistema de ligas chino, los equipos hongkoneses tendrían que hacerlo desde el escalafón más bajo de la pirámide, la Liga Dos. De ser así, y a la espera de saber quiénes ascienden y descienden al término de la temporada 2017, deberían viajar por la mitad Sur de China (la Liga Dos está dividida en Norte y Sur), teniendo que ir a ciudades como Chengdu, a 1.400 kilómetros de la ex colonia británica, o Nantong, a 1.250, distancias (y costes) que los clubes deberían asumir cada dos semanas.

El éxito deportivo no haría sino agravar la situación, ya que ascender a la Liga Uno o a la Superliga haría que los equipos de Hong Kong tuvieran que medirse a equipos de regiones tan alejadas como Xinjiang (3.400 Km.) o Heilongjiang (2.800 Km.).

Hong Kong y Urumqi están separados por más de 4.000 Km. y el principal equipo de la región milita ahora en la Liga Uno (Segunda)

Algo similar, se puede decir, viven equipos de Hainan, la provincia de Guangdong o incluso Xinjiang y Lijiang, alejados de gran parte del resto de clubes. Sin embargo, el soporte económico con el que cuentan es, de momento, superior al de los conjuntos hongkoneses.

Por tanto, la viabilidad económica y la acogida de los aficionados serían las dos primeras barreras que esta ‘tercera vía’ debería superar.

Sin una solución fácil, jugadores, equipos, autoridades y aficionados buscan la salida menos dolorosa a esta complicada disyuntiva hongkonesa.

Para más información sobre el fútbol de Hong Kong (y algo de Macao) visitad la web Offisde HK o seguidles en Twitter.

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