Fútbol en guerra: Afganistán

Cada año más de 100.000 personas mueren en los diferentes conflictos que, a mayor o menor escala, siguen latentes en todo el mundo. Asia, con países como Siria, Yemen o Afganistán golpeados por años o décadas de guerra, es una de las regiones más afectadas. El fútbol, a menudo, ha sido un elemento de paz y hoy, poniendo el foco sobre Afganistán y su liga, iniciamos una serie de cinco capítulos con los goles, y su lucha contra las balas, como protagonistas.

 

Hace ahora 15 años, cerca de 30.000 espectadores acudieron al semidestruido Estadio Olímpico de Kabul. Allí, un equipo local, Kabul United, se midió a un combinado de las Fuerzas de Seguridad Internacionales (ISAF) sobre un terreno de juego que, hasta hacía unos meses, había servido como escenario para las ejecuciones públicas del régimen talibán en Afganistán.

The teams from ISAF (foreground) and Kabul United line up

 Equipos iniciales del Kabul United – ISAF del 15 de febrero de 2002

Aquel día, solo dos meses después de la expulsión de los talibanes del gobierno en medio de la “Operación Libertad Duradera” lanzada por Washington tras los atentados del 11-S, Afganistán quiso mandar un mensaje de normalidad y eligió el fútbol para hacerlo.

Bill Shankly, quien fuera técnico del Liverpool, dijo una vez que el fútbol “no es una cuestión de vida o muerte, sino algo mucho más importante”. En Afganistán, durante décadas, jugar al fútbol no ha estado expresamente prohibido, pero practicarlo y exponerse a las arbitrarias decisiones de los talibanes o al riesgo de que un proyectil estalle demasiado cerca hicieron que el balón dejara de rodar.

Los orígenes

En Afganistán, al contrario que en algunos de sus vecinos, el fútbol ha tenido siempre un mayor seguimiento que el otro gran deporte del Sur de Asia, el cricket. La federación afgana se creó en 1933 y su primer equipo estable, Mahmoudiyeh FC, nació en 1934. Durante esos años, el deporte fue calando gradualmente a lo largo y ancho del país.

Con Kabul siempre como epicentro del fútbol afgano, Ariana Kabul, el segundo equipo del país por antigüedad, dominó el panorama deportivo, basado en un puñado de torneos regionales, en los años 40 y 50. Durante el reinado del que fue el último rey de Afganistán, Mohammed Zahir Shah, el fútbol tuvo una importancia menor y el país continuó con su proceso de modernización gracias al apoyo brindado por la Unión Soviética, principal aliado afgano en aquellos años.

Zahir Shah con Kennedy en 1962 (TOS)

La caída del Rey y el fin del juego

En 1973, 40 años después de haber ocupado el trono tras el asesinato de su hermano y predecesor, un golpe de Estado puso fin a su reinado y dio inicio a un período de oscuridad que aún hoy continúa. Esta caída a los infiernos, además de poner fin a la paulatina modernización afgana, cortó de raíz los modestos avances que el fútbol nacional había hecho desde hacía tres décadas.

Muchos de los que habían formado parte del crecimiento del deporte afgano se vieron obligados a emigrar. En una entrevista con Al JazeeraAli Askar Lali, internacional afgano a finales de los 70 y una de las mayores promesas del fútbol nacional, lo explicaba así:

“Representar a tu país es un sentimiento que no se puede describir, pero mi vida estaba en peligro y tuve que huir. Fui arrestado en dos ocasiones y es un milagro que no fuera asesinado” , comenta Lali, quien entró como refugiado en Alemania y continuó allí con su carrera en clubes como el Paderborn. Ya retirado, se convirtió en el primer seleccionador femenino de Afganistán en 2007.

Con el país en proceso de descomposición, un nuevo golpe, solo cinco años después de la caída del rey, provocó la llegada de los comunistas al poder. Estos, apoyados por la Unión Soviética, pronto tuvieron la oposición de los guerreros muyahidines con Estados Unidos como principal aliado. Esa oposición degeneró en una guerra civil que extendería esa primera fase hasta 1989. De nuevo el 15 de febrero, y tras la firma de los Acuerdos de Ginebra, los últimos soldados rusos abandonaron Afganistán dejando tras de sí un conflicto que había arrojado un saldo de casi tres millones de muertos y otros siete millones de refugiados que escaparon de la guerra hacia Irán y Pakistán.

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Guerreros muyahidines en la guerra civil afgana en 1979 (Steve Mc Curry)

La clasificación de 1984: Un oasis en el desierto

A pesar del conflicto, a principios de la década de los 80 el fútbol afgano experimentó una leve recuperación. El hecho de que aquella guerra se librara, principalmente, en zonas rurales, permitió que la capital siguiera su desarrollo sin grandes sobresaltos y la liga local, que hacía las veces de campeonato nacional, vio ganar dos títulos (1983 y 1984) al equipo de la Guardia Nacional, principal fuente de jugadores para una selección que jugaría en China sus últimos partidos antes de desaparecer durante 18 años.

Encuadrada en el Grupo IV de clasificación para la Copa de Asia de Singapur que se jugaría en diciembre de aquel año, Afganistán se midió en Guangzhou con los anfitriones, Hong Kong, Catar y Jordania, rival ante el que disputó su último partido del siglo XX y en el que cayó 6-1.

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Partido entre Arabia Saudí y China de la Copa de Asia 1984 en Singapur

La conquista de Kabul y la muerte del fútbol

Tras la salida de las tropas soviéticas en 1989, Estados Unidos y sus aliados esperaban que el gobierno comunista de Afganistan cayera en cuestión de meses. A pesar de no tener tropas, el apoyo soviético aún existía y la permanencia del ejecutivo de Mohammad Najibullah hizo que Washington e Islamabad orquestaran un ataque que desembocó en la batalla de Jalalabad, enfrentamiento que puso de manifiesto la capacidad de resistencia de las tropas afganas leales al gobierno.

Sin embargo, la desintegración de la Unión Soviética en 1991 fue la sentencia de muerte de aquel gobierno. A pesar de sus intentos por borrar las huellas del comunismo y mostrar un ideario más cercano al Islam, una nueva ofensiva de los guerreros muyahidines, con el apoyo de la CIA y los servicios de inteligencia pakistaníes terminó por hacer caer la capital.

En abril de 1992, la ciudad estaba en manos de las fuerzas leales al Estado Islámico de Afganistán y el caos reinaba. La toma de Kabul se considera como el episodio que dio inicio a la tercera fase de la guerra civil afgana (1992-1996) y, en lo que a esta historia respecta, a la muerte del fútbol en el país.

La tercera fase y la total oscuridad

El bombardeo de Kabul, que puso de manifiesto lo fallido del Acuerdo de Peshawar, dio comienzo a una época de combates en los que los intereses regionales de naciones como Pakistán, Irán, Arabia Saudí o Uzbekistán se libraban en las metrópolis afganas y, al contrario que en la guerra de finales de los 70, ésta tuvo lugar en localidades como Herat, Kandahar, Mazar-e Sharif o la ya citada Kabul, dejando un país de ruinas, muerte y desplazados.

Con el paso de los años, el Talibán, apoyado por Pakistán y financiado más tarde por Arabia Saudí, fue ganando terreno y, tras controlar primero el Sur del país, logró hacerse en septiembre de 1996 con el control de la capital con las consecuencias por todos conocidos.

En 1998, un portavoz de Human Rights Watch que había trabajado en la zona aseguró que ningún régimen en la Historia “había llevado a cabo un sistema por el cual la mitad de su población viviera prácticamente bajo arresto domiciliario con castigos físicos a las mujeres que mostraran su rostro y con prohibiciones que iban desde el nulo  acceso a la educación o el no poder recibir asistencia médica sin la presencia de un hombre”. Estas declaraciones, sin embargo, quedaron desactualizadas ante la brutalidad del ISIS que el mundo vería años después.

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En los descansos de los eventos deportivos se llevaban a cabo ejecuciones públicas (RAWA)

En los años siguientes, los talibanes se harían con el control de la mayoría de zonas en el Norte y la década de los 90 y su reino del terror tendrían su colofón en los atentados del 11 de septiembre en Estados Unidos.

De las torres gemelas al gol de Farid Azami

Un mes después del ataque en suelo estadounidense, Washington, junto con otros aliados, lanzó la “Operación Libertad Duradera” contra el régimen talibán, que se había negado a entregar a Osama Bin Laden para que fuera juzgado en Estados Unidos.

Aliados con los elementos restantes de la lucha contra el Talibán y agrupados bajo el nombre de “Alianza Norte”, Estados Unidos pronto se hizo con el control del gobierno y en él situó como presidente interino a Hamid Karzai. El país, entonces, cambió su nombre a República Islámica de Afganistán y, a pesar de la corrupción y la pobreza existente, comenzó un proceso de creación de estructuras democráticas y vuelta a la normalidad que aún hoy continúa.

El fútbol fue uno de los primeros elementos en ser recuperados para intentar que el pueblo distrajera su atención de las cicatrices, o más bien heridas abiertas, que décadas de guerra habían dejado.

Sin tiempo que perder, a finales de 2002 se organizó la primera liga de Kabul tras la de 1984 y su ganador fue el equipo de la Media Luna Roja. Ese mismo año, la bandera afgana volvía a ondear en un partido internacional y el himno del país precedió a la derrota de los Leones de Khurasan ante Corea del Sur.

Algo más, hasta el 16 de marzo de 2003, tuvieron que esperar los aficionados afganos para celebrar el primer triunfo de su selección, un 2-1 ante Kirguizistán en Kathmandú con un tanto de Farid Azami.

Mucho tiempo después, Afganistán había vuelto.

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Partido ante Turkmenistán en 2003 en Kabul

Mucho más que fútbol

Con el avance del país, y a pesar de que milicias talibanes y de otras facciones se han reorganizado y aún perpetran ataques en diferentes puntos de Afganistán, incluida la capital (solo en 2017 el número de muertos por el conflicto afgano roza los 20.000), el fútbol sigue siendo un elemento de unión.

En 2007, la selección femenina fue creada, un paso de gigante tras el régimen talibán; en 2012 nació la Premier League afgana y en 2013 el país salió a las calles a celebrar el triunfo sobre India en la final del campeonato del Sur de Asia, la primera vez en la que el fútbol cosió a un país despedazado por décadas de guerra.

Una foto del entonces presidente, Hamid Karzai, viendo el partido o las calles de Kabul vacías durante el encuentro y repletas tras la consecución del título fueron muestras del poder que un simple balón puede llegar a tener.

Afghan football fans celebrate winning the South Asian Football Federation championship after their team defeated India during the final match, in the streets of Kabul on 12 September 2013.

La victoria ante la India unió, por unas horas, a un países con fuertes divisiones (Reuters)

Afghan fans of the football watch a giant TV screen featuring the South Asian Football Federation Championship in Kabul on September 11, 2013.

Aficionados siguen la final en una pantalla gigante en la calle (AFP)

An Afghan football fan runs with the national flag as he celebrates their national football team's victory in the South Asian Football Federation Championship, at the Kabul stadium on 12 September 2013.

Aficionados celebran en un estadio en Kabul el título ante India (Reuters)

Female Afghan football fans celebrate their national football team's victory in the South Asian Football Federation Championship, at the Kabul stadium on 12 September 2013.

Las mujeres se unieron a las celebraciones dentro y fuera del estadio (AFP)

El futuro

Afganistán, aún lamentando miles de muertes vinculadas al conflicto año tras año, acaba de cerrar su sexta temporada liguera con el cuarto título de Shaheen Asmayee. La liga, que se disputa íntegramente en la capital y cuyos jugadores salieron de un programa de televisión logra, cada año, derribar pequeñas barreras en el camino hacia la libertad, como la de celebrar el primer partido nocturno en 40 años dentro de un país en el que el toque de queda es un elemento más del día a día.

Estos avances, en gran medida, llegan gracias al apoyo de la FIFA y de países como Alemania, Japón o Reino Unido, que han destinado fondos al desarrollo de la competición afgana.

“La gente ha decidido seguir con su vida y disfrutar mientras estén vivos, porque cuando salimos de casa nunca estamos seguros de si regresaremos a ella con vida”, declaró uno de los espectadores a aquel partido nocturno en una entrevista concedida al Washington Post.

Ahora, como aseguran desde la Federación, “es el momento de conseguir que la semilla que hemos plantado no se pierda. La seguridad sigue siendo nuestro principal obstáculo para la expansión y el desarrollo de programas de cantera en otras provincias. Sin embargo, antes o después, el fútbol logrará imponerse”.

Afghan youths play football next to the Ghazi stadium in Kabul on February 15, 2014. AFP

Nota del autor: El conflicto afgano o los diferentes conflictos que se han sucedido en Afganistán tienen unas motivaciones y un número de actores cuya comprensión requiere un análisis mucho más detallado que lo recogido en este relato. Algunos libros recomendados sobre el tema son “Butcher & Bolt” de David Loyn, “The Taliban” de Ahmed Rashid o “The bookseller of Kabul” de Asne Seierstad.

2 Comentarios
  • nico araujo
    Posted at 03:24h, 28 Noviembre Responder

    muy buen informe
    una visión interesante de lugares donde el fútbol es mas que un juego
    donde se arriesgan por practicarlo y disfrutarlo

  • Fútbol en guerra: Yemen (II)
    Posted at 10:19h, 07 Diciembre Responder

    […] salidas al Mar Rojo y a importantes rutas comerciales a través del Golfo de Adén, hay que mirar, como en el caso de Afganistán, a la lucha de bloques de la Guerra Fría y a la lucha de poder que Irán y Arabia Saudí […]

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