El incidente del 19 de mayo

Para esta segunda versión de la web, y para reinaugurar la sección “En Profundidad”, retomo un post ya publicado. Con nuevas imágenes y un poco más de contexto histórico, lo publico aprovechando que en este 2017 se cumplen 20 años del “regreso” de Hong Kong a China. Hoy hablamos del conocido como “Incidente del 19 de mayo”, recordado por ser el primer fenómeno de revuelta social provocado por el fútbol en el gigante asiático.

 

Corría el año 1985 y las selecciones nacionales se jugaban el estar en el Mundial de México del año siguiente. En Asia, donde para aquella cita había reservadas dos plazas, una en el Este y otra en el Oeste, Hong Kong y China llegaban empatados a 9 puntos (la victoria valía dos) al último partido, un choque que se disputaría en el Estadio de los Trabajadores de Pekín y donde el empate servía a los locales. Nada podía salir mal, o eso pensaba el conjunto chino.

Con el “regreso a casa” en el horizonte

El encuentro, más allá de lo deportivo, tenía un fuerte componente político. En 1985, China preparaba ya la vuelta de la por entonces colonia británica a sus dominios. El acuerdo alcanzado entre Pekín y Londres al final de las Guerras del Opio en 1842, y que otorgaba la soberanía de Hong Kong a Gran Bretaña por 99 años, expiraría en 1997 y todas las partes implicadas se preparaban para un cambio que convertiría a la colonia en Región Administrativa Especial de China, pasando a regirse por el principio de “un país, dos sistemas”.

Deng Xiaoping, mente detrás del principio “Un país, dos sistemas”, junto a Margaret Tatcher

Según este principio, Hong Kong mantendría una autonomía limitada en materia política y económica, mientras que sus relaciones exteriores y defensa pasaban a manos de Pekín.

El partido del 19 de mayo se vio, sin embargo, como una oportunidad de demostrar, por anticipado, la superioridad de una China, la cual comenzaba su transformación económica, sobre Hong Kong. Una parte importante de los habitantes de la colonia se mostraban reacios, cuando no se oponían frontalmente, al cambio de régimen.

El camino al Mundial 1986

Para la cita mundialista que terminaría con la victoria de Argentina, la Confederación Asiática de Fútbol, como decía, contó con dos plazas, que repartió entre sus selecciones del Oeste y el Este del continente.

Por el Oeste, Irak logró la clasificación tras superar a Catar, Líbano y Jordania en la primera ronda, sorprender a Emiratos Árabes Unidos en semifinales y ganar a Siria en la final. Irak, que jugaba todos sus partidos fuera del país por el conflicto abierto que mantenía con Irán, se hizo con un billete para la que ha sido, hasta el momento, su única participación en la Copa del Mundo.

Por el Este, Japón y Corea del Sur partían como claros favoritos para lograr la clasificación. China, por su parte, veía fácil el camino hasta semifinales después de quedar emparejada en primera ronda con tres combinados débiles como eran Brunei, Macao y, claro está, Hong Kong.

A pesar de abrir la competición con un empate a cero en suelo hongkonés, China superó sin problemas a sus dos otros rivales y, con cuatro victorias consecutivas, 20 goles a favor y ninguno en contra, llegaron a la última cita en casa. Hong Kong, con un bagaje goleador más discreto pero igual número de puntos, era considerado poco más que un convidado de piedra a la fiesta que se iba a celebrar en Pekín.

Zuo Susheng (izq.), capitán de China, y Leung Sui Wing, de Hong Kong, intercambian banderines de sus federaciones ante la mirada del árbitro indio Melvyn J. Victor D’Souza (Foto: SCMP)

El partido

A pesar de que el empate servía a los intereses chinos, el equipo que dirigía Zheng Xuelin se volcó contra la portería de Hong Kong. Apoyados por las más de 60.000 gargantas que abarrotaban el Estadio de los Trabajadores, todo parecía listo para que China avanzara a la siguiente fase. Incluso Kwok Ka Ming, entrenador visitante, diseñó una táctica más destinada a minimizar los daños que a apostar por la victoria.

“China era un equipo mucho más físico que nosotros. Aquel Hong Kong sabía como presionar pero sólo podíamos hacerlo durante 20 minutos, 25 como máximo, así que nuestra estrategia era cerrarnos y aguantar durante la primera parte e ir a presionar en la segunda”.

Sin embargo, en una jugada ensayada, Cheung Chi Tak ponía el 0-1 y sumía el Estadio de los Trabajadores en un silencio que no era más que la reacción lógica a una situación para la que nadie les había preparado.

Los jugadores hongkoneses celebran uno de sus goles ante China (Foto: SCMP)

Doce minutos después, Li Feng espantaba los fantasmas aprovechando un rechace del meta rival y llevando el 1-1 al marcador. Con una hora de partido por delante, China estaba de nuevo clasificada y su superioridad física sobre Hong Kong hacia presagiar un final feliz.

El paso por vestuarios dio entrada a un segundo tiempo en el que el asedio chino sobre la meta de Chan Wan Ngok fue continuo. Sin embargo, la fortuna sonrió una vez más a los hombres de Kwok, ya que al cuarto de hora un disparo defectuoso desde media distancia se convertía en un balón muerto en el área que Ku Kam Fai cazó para hacer el, a la postre, 1-2 definitivo.

Tras media hora de acoso local, D’Souza decretó el final del partido. China había caído y, además de la humillación deportiva que suponía ser derrotado en casa por un equipo menor como Hong Kong, la herida en el orgullo nacional quedaba abierta para disfrute de los escasos aficionados hongkoneses desplazados a Pekín.

Las decenas de aficionados visitantes que se dieron cita en el Estadio de los Trabajadores asistieron a la única victoria en competición de Hong Kong sobre China (hay otro triunfo registrado, también por 1-2, en un amistoso disputado por ambos en Pekín en 1977) (Foto: SCMP)

Pekín se sume en el caos

El final del partido y la consiguiente salida de China de la carrera mundialista desataron la ira en el estadio, donde los espectadores comenzaron a lanzar botellas, arrancar los asientos del graderío y amenazar a los jugadores de ambos equipos, quienes tuvieron que refugiarse en los vestuarios escoltados por efectivos del Ejército Popular de Liberación (EPL) y de la policía.

Ya en el exterior, cientos de aficionados chinos vengaron el “ultraje” hongkonés incendiando coches y comercios en los alrededores del Estadio de los Trabajadores y haciendo de los extranjeros que econtraban por la calle el blanco de su ira. Más de 2.000 policías y dos unidades antidisturbios del EPL fueron necesarias para restablecer el orden en una operación que se saldó con 127 detenidos.

Mientras, en el hotel de concentración, Hong Kong comenzó una celebración que no se detuvo a su llegada a la excolonia británica, donde cientos de aficionados les recibieron como si hubieran ganado un título.

A pesar de la gesta lograda en Pekín, el sueño mundialista de Hong Kong no dio para más. En semifinales, Japón arrolló a los apodados “Chicos del 519” por un 5-1 global y se citó con Corea del Sur en la final. Los surcoreanos, que en México no pasarían de la fase de grupos, doblegaron a los nipones por un global de 3-1 para hacerse con el billete de Asia Oriental para México.

En China, tras la derrota y pedir disculpas por la misma, el seleccionador, Zheng Xuelin, y el presidente de la Federación de Fútbol, Li Fenglou, dimitieron de sus respectivos cargos.

Portada del South China Morning Post de Hong Kong el 20 de mayo de 1985 con el títular: “La victoria de Hong Kong desencadena la revuelta”.

A día de hoy, cuando se van a cumplir 20 años de la vuelta de Hong Kong a China, aún se recuerda en la excolonia británica el día en el que lograron silenciar a su “hermano mayor” y provocar la considerada hasta ese momento como la peor revuelta social desde la fundación de la República Popular de China en 1949, el ya histórico “Incidente del 19 de mayo”.

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